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El Movimiento Internacional 24 Horas de Alcohólicos Anónimos es un conjunto de Grupos de Alcohólicos Anónimos que funcionan las 24 horas del día, los 365 días del año, de servicios gratuitos y permanencia voluntaria, integrados única y exclusivamente por un conjunto de hombres y mujeres, enfermos alcohólicos todos ellos, que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo.

Pensamiento del día 27 de Julio

A lo largo del propio devenir del proceso de rehabilitación, cada enfermo alcohólico integrante del Movimiento Internacional 24 Horas de Alcohólicos Anónimos vive una sucesión, no gradual, de pequeños (o grandes) momentos de conciencia, de situaciones de impacto en cada una de las cuales parece descubrir el “secreto” de la recuperación.

No cabe duda de que el primero de esos grandes momentos es la propia llegada a un Grupo 24 Horas. Nos acercamos en un escenario (muchas veces fugaz) de desamparo, de desesperación y desesperanza: el alcohol, aliado de los inicios, nos ha abandonado, nos ha hecho tocar fondo y hoy nos encamina “dulcemente razonables” a las puertas de Alcohólicos Anónimos. Allí, tras la derrota de vernos en la necesidad de pedir ayuda, y lo que esto significa para un enfermo alcohólico, sufrimos un primer impacto emocional: encontrar a otros enfermos alcohólicos (en ese momento aún no son compañeros) que nos entienden y brindan comprensión, nos hablan de un infierno similar, de un sufrimiento que ha seguido los mismos derroteros que el nuestro. Nos aseguran que un día llegaron igual, “a las gradas de la locura y de la muerte”, con la sensación cada uno también de ser “el más miserable de los hijos de Dios”.

En ese incipiente instante de conciencia descubrimos no ser los únicos que hemos vivido la desconexión de la sociedad, la incapacidad para integrarnos en un mundo al que en el fondo despreciamos, la sensación de sentirnos únicos, de vivir como “espías en territorio enemigo”, la añoranza del “paraíso perdido”.

Y de pronto sentimos, algunos por primera vez en nuestras vidas, que no estamos solos, que hemos llegado a casa, que tal vez ni siquiera seamos culpables (alguien afirma que “nadie, ni siquiera un alcohólico, es culpable de padecer una enfermedad”), y que tal vez sea cierta la oportunidad de “vivir una nueva vida, plena y feliz”.

Los primeros pasos (1)

“Mi nombre es… y soy enfermo alcohólico.” Esta es la primera frase de alto contenido terapéutico que decide el proceso de cambio y da forma a la experiencia de una rehabilitación. Cala a fondo esta afirmación, y sin embargo durante muchas 24 horas no significará sino el deseo de la persona que se acerca a pedir ayuda de quedar bien por medio de una mera fórmula de presentación, como muchas del llamado “mundo de fuera”.

Efectivamente, nada representa para el mundo emocional del enfermo alcohólico la afirmación que de manera consciente, a manera de formulismo, comienza a repetir cada 24 horas en sus sesiones de recuperación en el seno de los Grupos 24 Horas de Alcohólicos Anónimos.

La admisión es definitiva para el inicio de nuestro proceso de recuperación. Sin embargo, es un hecho real la incapacidad de nosotros los enfermos alcohólicos para tomar conciencia de nuestra realidad. Esta ha sido empañada por un deseo consciente y volitivo de no enfrentarla, por los efectos de nuestra ingesta alcohólica y nuestra inveterada costumbre de in-autenticidad. Desde el punto de vista espiritual, todo dentro de un Grupo de Alcohólicos Anónimos está matemáticamente medido, y sería trágico que de golpe y porrazo tuviéramos que enfrentarnos a una realidad que siempre temimos y aborrecimos.

Ningún esfuerzo de nuestra parte hará que podamos saltar el necesario compás que marca el misterio de nuestra recuperación. Cada hora y cada minuto está contemplado en un reloj y en un calendario que no nos pertenece. Es en estos primeros pasos donde de repente sentimos que algo del proceso fatal de nuestra actividad se ha detenido, que una nueva dimensión dentro del mundo ha sido descubierta por nosotros, y de repente los contornos abismales de nuestra tragedia van cambiando su perfil y toda la negación se va diluyendo en un mar de positividad.

 

Virgilio A., Boletín del Movimiento 24 Horas, núm. 1 (febrero de 1984)

Me llamo Manuel y soy enfermo alcohólico (llegué a A.A. con 44 años)

Empecé a beber a los 12 años. A los 15, ya consumía otro tipo de sustancias. Con el tiempo, gracias a mi forma de beber y de vivir, perdí pareja, trabajo, vivienda, salud… Me ingresaron en hospitales. Y al final me convertí en un auténtico “sin techo”, con problemas con la justicia.

Un día encontré Alcohólicos Anónimos en un Grupo 24 Horas. Mi vida pasó a tener un sentido: dar lo que me dieron.

Pero quise llevármela solo, y tuve que empezar de nuevo. Entré en prisión. Aquí, sin embargo, recibo la visita semanal de mis compañeros; conseguí un trabajo y ahora tengo un puesto en enfermería. Me dan permisos para salir, y voy a mi Grupo 24 Horas de A.A. para asistir a mis juntas. He vuelto a vivir.

Por todo ello, doy gracias a Dios, tal como yo lo concibo.

 

Movimiento Internacional 24 Horas de Alcohólicos Anónimos

Una pequeña tarjeta blanca (y 2)

En un estado de auténtico “rigor mortis” me llevaron a mi primera reunión de Alcohólicos Anónimos. En el camino visitamos la casa de un A.A., y vi por primera vez la Oración de la Serenidad en un cuadro. ¡Me impactó! Pensé: “Nuevamente estoy en otro enredo a causa de la bebida, como de costumbre. Espero que esta oración no tenga nada que ver con A.A.” Y premeditadamente evité mirar en esa dirección. Poco podía suponer que a partir del día siguiente la Oración de la Serenidad sería mi compañía, esperanza y salvación durante cinco horribles días y noches.

Después de llegar a la reunión de A.A., toda mi actitud empezó a cambiar, a pesar de mí. Esta gente tenía algo de lo que yo carecía. ¡Y lo quería! (Después aprendí que lo que tenían era un Poder que los impulsaba y un Poder que los guiaba, y que la fuente de Poder era un Dios amante tal como ellos lo entendían.) Actuaban tal como si yo fuera una respuesta a una oración y verdaderamente me quisieran ahí. (Era una sensación maravillosa, estos A.A. creían en mí, y finalmente en Dios.)

Una de las mujeres me entregó una pequeña tarjeta que tenía impresa la Oración de la Serenidad. “¿Qué tal si no creo en Dios?”, pregunté. Sonrió: “Bueno, creo que Dios sí cree en usted. ¿No dice que está dispuesta a hacer cualquier cosa para dejar de beber? ¡Simplemente aférrese a esta tarjeta mientras esté viva! Si se siente tentada a beber esa primera copa, léala. O léala también si se enfrenta con cualquier otro problema demasiado grande para manejarlo sola”.

En casa, exactamente veinticuatro horas después, comencé a aferrarme a esa pequeña tarjeta “mientras estaba viva”. Mi esposo entró en delírium tremens. En su locura, me prohibió telefonear o ir a pedir ayuda. Durante cinco días y sus noches no dormimos en lo absoluto ninguno de los dos, y hubo ratos en que me convertía en parte de sus pesadillas y mi vida se encontraba amenazada.

Durante todo ese tiempo, nunca permití que la tarjeta me dejara. Leí y releí la Oración de la Serenidad. Aunque la casa se encontraba tan bien equipada de bebida como un pequeño bar, el milagro fue que no bebí. ¡Yo, que había resuelto siempre todos mis problemas con una copa! En su lugar, empuñé esa pequeña tarjeta y murmuré las palabras una y otra vez durante cinco días y noches. No recuerdo haber tomado ninguna decisión de creer. Sólo sentí que el Dios de esa gente podía tener compasión de mí y ayudarme. Pero con certeza llegué al convencimiento de que yo era impotente. Como establece nuestra literatura: “Algunas veces el alcohólico no tiene una defensa mental eficaz contra la primera copa. Excepto en muy raros casos, ni él ni ningún otro ser humano pueden proveer dicha defensa. Su defensa debe llegar de un Poder Superior”. Todo esto, ¡tan pronto después de mi primera reunión! Llegué a creer.

Para que no se me olvide… aún conservo la pequeña, maltratada y borrosa tarjeta con la Oración de la Serenidad que salvó mi cordura y mi sobriedad, y devolvió la fe en el Dios de mi comprensión.

 

Alcohólicos Anónimos, Llegamos a creer… (Cap. 3: “Oración”)

Boletín del Movimiento 24 Horas

El anonimato es un principio espiritual que cae en los supuestos de la humildad. En un Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos no hay personalidades, todos somos iguales, nadie impone su voluntad o criterio, no hay jefes: Esto es la esencia del anonimato, independientemente de ser protección para nuestro Movimiento: en tanto que nadie puede usar su nombre, protege al enfermo alcohólico que puede lograr así su recuperación con la protección de su anonimato y el respeto a su dignidad.

Virgilio A., Boletín del Movimiento 24 Horas, núm. 1 (febrero de 1984)

Alcohólicos Anónimos de preso a preso – Las sombras tienen cara

Platón comparó los seres humanos con prisioneros encadenados en una cueva de espaldas a la luz, que confunden las sombras en la pared con la realidad. Desde entonces, muchos han pintado a los reclusos de forma alegórica como “la gente de las sombras”. En cuanto a los alcohólicos, esta imagen es falsa: muchos años antes de que nuestra incapacidad para captar la realidad nos condujera a prisión ya estábamos encadenados, de espaldas a la luz, confundiendo las sombras con la realidad.

No sólo encontré en prisión mi liberación de las trabas del resentimiento, el egoísmo y los prejuicios, sino que descubrí también que las sombras que perseguía en vano en mi búsqueda alcohólica de amor, reconocimiento y pertenencia no son más que imágenes proyectadas y sin vida de los hombres y mujeres reales que me esperan con un vivo deseo de darme la realidad de la hermandad.

Mis antecedentes penales hacían de cualquier esperanza de libertad condicional la sombra de una sombra. “Estás muerto. No tienes la más remota posibilidad de salir liberado”. Mi impotencia era la del animal atrapado. Un hombre que se ve despojado hasta que le queda sólo su alma desnuda se siente avergonzado y temeroso ante Dios, tal como cada quien lo conciba. Empecé a rezar una antigua oración, oración que los que se han traicionado han rezado desde el comienzo del mundo: “Dios, si no me levantas del abismo que he creado para mí mismo, moriré”. No era una conversión. Sólo una oración inarticulada de un hombre que había tocado fondo.

Dentro del abismo empezaban a suceder cosas. Los psicólogos y sociólogos me evaluaron: “Eres alcohólico. Debes unirte a Alcohólicos Anónimos”. ¿Para qué? Estaba amargado. Pero mi muda oración empezó a tomar forma. Un día me uní a A.A. Era incluso de los afortunados escogidos para pasar un año en psicoterapia intensiva. Empezaba a darme cuenta de que el alcoholismo no es sino un síntoma de una enfermedad emocional.

Pronto saldré. Voy andando hacia la luz. Hay miles de hombres y mujeres de A.A. que son reales, que con gusto intercambian conmigo espíritu y corazón. No tengo que hacer más que acercarme y ofrecerme a ellos y en este alegre emporio de intercambios hay sobriedad y sano juicio, amor, reconocimiento y un sentimiento de pertenecer.

Esto es lo que significa salir de la prisión, cualesquiera que sean las barreras que separan al alcohólico del amor. Porque estos muros son nada más que símbolos de las piedras que amontonábamos con nuestras propias manos egoístas para que los otros no vieran nuestro verdadero ser. Con la ayuda de Dios, los muros se derrumban. Espero con ansia llevar este mensaje a otros y ayudarles a salir de las sombras de la irrealidad y bañarse en la luz, donde las sombras tienen caras: caras amistosas.

 

Alcohólicos Anónimos, A. A. en prisiones: de preso a preso.

Reflexión del dia 10 de Julio

Hacia la paz y la serenidad

 “Cuando les hemos dado una mirada cabal a esos defectos, los hemos discutido con otra persona y hemos llegado a estar dispuestos para que sean eliminados, nuestro parecer acerca de la humildad empieza a tener un significado más amplio” (Alcohólicos Anónimos, Doce pasos y doce tradiciones)

Cuando se presentan situaciones que destruyen mi serenidad, frecuentemente el dolor me motiva a pedirle a Dios, tal y como yo lo concibo, claridad para ver mi papel en la situación. Admitiendo mi impotencia, humildemente le pido aceptación. Me esfuerzo por ver cómo mis defectos de carácter han contribuido a la situación. ¿Podría haber sido más paciente? ¿Fui intolerante? ¿Insistí en salirme con la mía? ¿Tenía miedo? Según se van revelando mis defectos, pongo a un lado mi independencia y humildemente le pido a Dios que me libre de mis defectos de carácter. Puede que la situación no cambie, pero cuando practico la humildad, disfruto de paz y serenidad que son los beneficios naturales de poner mi confianza en un poder superior a mí mismo.

 

Alcohólicos Anónimos, Reflexiones diarias

Es un problema de salud y no de vergüenza

Por lo que al Movimiento Internacional 24 Horas de Alcohólicos Anónimos respecta, sabemos que el alcoholismo es un problema de salud y no de vergüenza. En lo que corresponde a la sociedad, los medios de difusión han ayudado a que tome conciencia de que el alcohólico es un enfermo que necesita ayuda.

Virgilio A., Boletín del Movimiento 24 Horas, núm. 1 (febrero de 1984)

Me llamo David y soy enfermo alcohólico (llegué a A.A. con 28 años)  

Nunca pensé que el alcohol fuera a destrozarme la vida, pero así fue. Empecé a beber con amigos porque me sentía inferior y el alcohol me daba fuerza. Desde siempre tuve problemas, tanto en el colegio como en casa. Mi manera de comportarme no era normal, preocupado, angustiado, miedos. Me costaba enfrentarme a los problemas sin alcohol, los escondía, a los familiares nunca les contaba nada. Sólo cuando no podía más pedía perdón, con ganas de cambiar. Pero cada vez que empezaba a beber, algo arrancaba en mí que no podía parar.

Cuando el alcohol dejó de surtir efecto, empecé a combinarlo con drogas, por supuesto a escondidas de mis padres, aunque a la larga todo salía a la luz. Sospechaban, me preguntaban qué sucedía. Noches sin dormir después de días “de fiesta” en los que no llegaba feliz a casa. Mi novia me exigía un cambio, no quería un novio así. Yo me angustiaba y enfadaba. No sabía qué me pasaba, le eché la culpa a la droga, fui a centros, pero nada cambiaba. Acabó dejándome, después de días de pedirle perdón, de promesas de cambio, pero era imposible. Algo me faltaba.

La enfermedad me llevó a acabar con psiquiatras. Me decían que yo no era normal, pero nadie conseguía solucionar el problema. Mi madre intentaba ayudarme y a veces conseguía mantenerme días sin beber, pero a la mínima me iba y volvía a beber. Me advertían una y otra vez que de seguir así acabaría solo en la calle. Enfadado, no lo tomaba en serio.

Hace dos años descubrí que el problema era el alcohol. La enfermedad estaba destrozándome. Había perdido pareja, amigos, dinero, tenía deudas, problemas con la justicia, con mi familia… Ya no podía más, mi vida era un infierno. Me encerré en casa para intentar arreglarlo, pero no aguantaba. Se sucedían las discusiones, los ingresos hospitalarios cuando me escapaba a beber, las lagunas mentales. Mi vida se venía abajo.

Un día me internaron en un psiquiátrico. Allí no bebí durante un tiempo, pero al salir no era feliz: ver a la gente divertirse, hacer aquello que yo no podía hacer me llevaba a fugarme con la televisión durante horas. Tenía todo, ya que cobraba una baja médica, pero sentía que me faltaba algo. “Necesitaba” beber. Quise enfrentarme al mundo y divertirme… y terminé en el hospital, solo. No había nadie, la familia no me aguantaba. No me dejaban beber, me decían que no estaba bien de la cabeza. “¿Por qué yo no puedo y ellos sí?” Días después de otro ingreso hospitalario me enfrenté a mi madre: “Te avisé, ya no aguanto más”, y me echó de casa. Me vi solo, con una maleta. Desde ese día bebí sin parar, para olvidar mi vida, el pasado, hasta acabar hospitalizado con diarreas y temblores.

Así llegué al Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos, a punto de un ataque etílico, muy asustado. Me aseguraron que nunca más iba a estar solo, que tenía derecho a una segunda vida, útil y feliz. Lo que me prometieron se cumplió y, lo más importante, no he vuelto a probar ni una sola copa, ni a sentirme solo. Hoy tengo una vida.

 

Movimiento Internacional 24 Horas de Alcohólicos Anónimos

Pensamiento del día 27 de Junio

AA24HORAS

Pensamiento del día

 Cada uno de nosotros se acercó a un Alcohólicos Anónimos, en concreto a un Grupo 24 Horas, pidiendo ayuda. Habíamos tocado fondo. De manera fugaz (y en muchos casos incluso de manera sorpresiva) la conciencia había abierto una estrecha grieta y nos mostraba la aterradora debilidad de nuestra situación: traicionados por el alcohol, durante tantos años aliado fiel que nos había permitido enfrentar una sociedad en la que no nos sentíamos integrados, acorralados, el mundo a nuestro alrededor se derrumbaba. La desesperación, y en especial la desesperanza, nos atenazaban. En esa terrible disyuntiva, habíamos concientizado la imposibilidad personal para dejar de beber por nuestros propios medios. No había otra salida que la que de buena voluntad nos brindaban los compañeros que nos recibieron, otros enfermos alcohólicos que al igual que nosotros habían pasado por infiernos similares.

Han pasado las 24 horas, en muchos de nosotros años, algunos incluso hemos envejecido en el seno de nuestros grupos, y el resultado es muy esperanzador. Para aquellos que decidimos entregarnos al programa de Alcohólicos Anónimos, la obsesión por beber, si no es que ha desaparecido totalmente, se mantiene alejada de nuestro entorno. Se hizo realidad la promesa que escuchamos cuando cruzamos las puertas de nuestro grupo: “la posibilidad de vivir una vida plena y feliz”. Disfrutamos de la confianza, la amistad e incluso el amor de aquellos compañeros que decidieron acompañarnos en esta maravillosa aventura.

Cuando has tocado fondo, cuando has vivido el infierno del alcoholismo, cuando has sufrido la desesperación y la desesperanza, sabes que hay lujos que no te puedes permitir, entre ellos el de jugar con tu vida.

 

Movimiento Internacional 24 Horas de Alcohólicos Anónimos

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