Alcohólicos Anónimos en prisiones – “No te arrestaron, te rescataron”


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Tras unas semanas en esta prisión donde cumplo una condena de dos años, descubrí algunos folletos de Alcohólicos Anónimos. Al contestar unas quince preguntas de uno de esos folletos, descubrí, entre otras cosas, que era alcohólico. Digo “entre otras cosas”, porque era también una persona muy trastornada emocionalmente, y ahora sé que la mayoría de los alcohólicos lo somos.

Antes de llegar aquí, pasé un año entrando y saliendo de instituciones psiquiátricas. Cada vez que ingresaba en una, me preguntaban si tenía un problema con la bebida y, por supuesto, mi respuesta era que no. Así que al ser dado de alta estaba tan enfermo como lo estaba cuando llegué. La única diferencia estaba en que al salir tenía algunas píldoras que me ayudarían a “enfrentarme” con la situación.

Cuando me uní al programa de A.A., ya había tocado fondo, el auténtico fondo. Tuve que aceptar el programa de doce pasos, o resignarme a morir. Durante los últimos dos años había intentado suicidarme varias veces.

Empecé a beber a la edad de catorce años y, cuantos más cumplía, más bebía y mayores problemas tenía. A causa de la bebida perdí a mi esposa, una empresa y empleo tras empleo. Además perdí cantidad de amigos.

Al igual que todos los demás alcohólicos, no podía ver más allá de mis narices. Efectivamente, no podía mantenerme suficientemente sobrio como para ver mis narices. Era siempre otra persona quien tenía la culpa de que esto o aquello me sucediera. Los muros del resentimiento, odio, autoconmiseración, egoísmo y demás emociones acarreadas por el alcoholismo eran más altos que los de la prisión que ahora me rodean.

Un preso de aquí, sentenciado a cadena perpetua me dijo: “No te arrestaron, te rescataron”. Y qué gran verdad es ésa. No me agrada estar aquí; pero estoy agradecido y encantado de que A.A. estuviera aquí.

Me doy cuenta de que tengo muchos problemas con que enfrentarme. Uno de los más grandes será ganar nuevamente el respeto cuando salga de aquí. Pero estoy convencido de que, si vivo de acuerdo al programa de A.A., tendré un éxito seguro. Tengo que trabajar los pasos con diligencia mientras esté aquí dentro. Los problemas que tenemos dentro son básicamente los mismos que hay fuera. Somos alcohólicos, ya bebamos o no.

 Alcohólicos Anónimos, A. A. en prisiones: de preso a preso

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