Alcohólicos Anónimos en prisiones – Desde dentro hacia afuera


A menudo he oído la pregunta: “¿Por qué A.A. en prisión? No puedes conseguir nada que beber”. Aunque puede sorprender, porque sí se puede. Y si no, los alcohólicos recurren a otras drogas que sí están disponibles. Además, mucha gente oye hablar de Alcohólicos Anónimos por primera vez en prisión. Yo lo sé.

Tenía la impresión de que A.A. era un programa religioso. Otro preso que sabía que una parte de mi problema tenía que ver con el alcohol me convenció para asistir a una reunión. Acepté con una condición: si no me gustaba, no volvería. No quería que nadie me sermoneara. La primera reunión fue para mí una confusión total. Pero me fijaba en un hombre mayor que hablaba de Dios, poder superior, amor, camaradería. “¡Ajá! Lo que sospechaba”, me dije, “una pandilla de religiosos”. Y decidí no volver. Pero notaba que hablaba también de no beber y de cómo se relacionaban íntimamente nuestras actitudes, nuestra soledad, nuestros problemas y nuestra forma de beber. Después se tomó la molestia de darme la bienvenida y extenderme la mano: “Es un placer tenerte con nosotros. Si tienes un problema con la bebida, éste es el lugar donde puedes hacer algo al respecto. Nos importas y te prestaremos toda la ayuda que podamos, si quieres dejar de beber y mantenerte sobrio”. Tenía que enterarme más del asunto, y por ello asistí a la siguiente reunión.

No me hice converso inmediato de A.A., pero seguí asistiendo. Lenta y sutilmente me veía liberado, absuelto de mis costumbres destructivas, mi forma obsesiva de pensar del pasado, presente y futuro. Empezaba a centrarme en el día de hoy. Creo haber experimentado el “cambio de personalidad” del cual se habla en el programa.

A lo largo de los últimos diez años creo que como un árbol rejuvenecido he echado nuevas ramas. El programa de recuperación de A.A. me ha enseñado que no puedo dominar o controlar el alcohol –o cualquier otra droga– y por lo tanto lo más prudente es no tocarlo en absoluto. Ahora sé resistirme a “aquel impulso”. Durante estos años, el alcohol y las drogas han estado disponibles –siempre lo están.

Una de las principales atracciones de A.A. en prisión son los visitantes que traen el mensaje de esperanza y recuperación, contando sus propias historias. Es probable que puedan pasar su tiempo en lugares más “interesantes”, pero eligen entrar a prisión para extender la mano de A.A. Siempre parece agradarles estar en una reunión de A.A. en prisión. Algunos traen literatura, muchos irradian espiritualidad. Su amistad ha dado aún más inspiración a los alcohólicos encarcelados. Algunos son ex presos que encontraron A.A. “dentro”. Ahora vuelven para pasar el mensaje a otros. Me han infundido el deseo de hacer lo mismo algún día. Sí, con la recuperación, la esperanza me ha devuelto una parte de mi vida que creía perdida para siempre.

Si alguien te pide que compartas el mensaje de A.A. “dentro”, es muy probable que tal servicio te sea muy significativo, liberador, gratificador y honroso. Tu historia y ayuda constituyen una visita de paso doce que importará mucho si haces aquí un solo amigo y le infundes el deseo de mantenerse sobrio, de salir liberado y permanecer en libertad. ¿Funciona A.A. en prisión? Sin duda alguna.

 

Alcohólicos Anónimos, A. A. en prisiones: de preso a preso

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