Alcohólicos Anónimos en prisiones – Promesa luminosa


Hace tres años un pronóstico oficial para mi rehabilitación habría sido “desahuciado”. Un alcohólico a quien no le duraban los trabajos, divorciado, distanciado de mis padres, iba entrando y saliendo por las puertas de la prisión como el guardia –la única diferencia era que yo me quedaba más tiempo dentro de los muros–. Me encontraba desesperadamente confundido, y no podría prever nada en el futuro sino un ciclo interminable de años encarcelado.

Hoy he recobrado mi confianza, mi integridad, mi madurez. El futuro, por primera vez en 23 años, me ofrece una promesa luminosa. Después de tratamientos psiquiátricos, “curaciones” por aversión, psicoanálisis, y delirium tremens, todo lo que no logró enderezar mi forma de pensar, A.A. llegó a mi prisión, y yo ansiosamente llegué a A.A. Es una maravilla. Después de 45 años de tratar de huir de la vida, acabo de empezar a vivir.

En Alcohólicos Anónimos he encontrado la amistad, la comprensión, y he tenido orientación en el camino que conduce a la sobriedad. Me he encontrado a mí mismo; he redescubierto a mi Dios.

La mayoría de los presos se burlan de la religión. Pero A.A. no es una religión; no tiene norma, ni credo, ni doctrina. Te ofrece algunas sugerencias sencillas que pueden conducirte a una nueva manera de vivir. Hace que uno recupere la fe. No es una fe en credos formulados por el hombre ni en principios metafísicos secretos, sino una simple fe en Dios (tal y como cada quien lo conciba) y en la convicción de que, como individuos, somos importantes y tenemos un valor y un lugar en este mundo.

Por medio de A.A. he logrado una paz mental y una serenidad espiritual que no cambiaría por nada –ni siquiera la libertad–. Porque soy libre ahora; los muros de la prisión no pueden poner límite a mis pensamientos ni minar mi confianza en que, al cumplir mi condena, me espera una vida productiva y de utilidad.

He llegado a darme cuenta de que nadie está solo, nadie que tenga fe y confianza en un poder superior a él mismo, nadie que ya no abrigue dudas, sino que crea.

A., A. A. en prisiones: de preso a preso.

 

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