Alcohólicos Anónimos y los Jóvenes – Roberto


Roberto (se unió a A. A. A los 18 años)

 “No me despierto por la mañana preguntándome

qué podría haber hecho la noche anterior.”

 Al llegar a los 18 años usaba diariamente el alcohol u otro tipo de droga. […] Compraba de lo que hubiera bebido la noche anterior para arreglarme el estómago revuelto y quitarme los temblores. Luego, me iba al campo, me tomaba una copa y vomitaba, y me tomaba otro trago y vomitaba, y continuaba así hasta que podía aguantar lo suficiente para dejar de temblar. […] “Esto es lo que hace todo el mundo, esto es lo que hacen todos los muchachos de mi edad, esto es lo que se espera que hagamos.”

Tenía un amigo que no bebía y me dejaba pasar el tiempo con él aunque yo estuviera borracho o sin conocimiento. […] Mi amigo era muy tolerante conmigo y me tenía mucho afecto. Hablaba mucho de lo que él llamaba su “Programa,” pero no de una manera directa. Yo no tenía ni idea de que el programa del que él estaba hablando era Alcohólicos Anónimos. Simplemente hablaba de lo que estaba haciendo con palabras muy sencillas. No decía que había dejado de beber, sino simplemente que hoy no bebía; que no bebía un día a la vez; que disfrutaba tanto de estas experiencias de estar en contacto con la naturaleza ahora que no se emborrachaba. Me dijo que no era necesario alterar mi percepción para poder sentir realmente lo que quería sentir y ser parte de algo. Por esta época empecé a “tocar fondo” hasta el punto de querer hacer algo respecto a mi forma de beber.

Asistí a algunas reuniones de Alcohólicos Anónimos, pero en aquel entonces no podía escuchar. Sin embargo, se me quedaron algunas cosas simples: “Un día a la vez,” “Manténlo sencillo,” y “Tómalo con calma.” Frases sencillas como éstas empezaron a tener efecto en mí. Me di cuenta de que tenía que aprender a ir más despacio. Siempre he sido un corredor de50 metrosen una carrera de100 metros, y nunca terminé nada. Empecé en .A.A de la misma forma. Quería captarlo, pero realmente no quería que nadie me lo enseñara; quería captarlo por mí mismo, a mi manera. Oí decir: “Deja que el nivel de alcohol descienda por debajo de tus orejas y entonces puedes empezar a oír.”

[Ahora que estoy sobrio] no me despierto por la mañana preguntándome qué podría haber hecho la noche anterior. No tengo que llamar a nadie para enterarme de si lo había pasado bien o mal. No tengo que preocuparme de si había bebido de un vaso que no fuera el mío, el de alguien que pudiera tener una enfermedad. Y no me despierto -y esto es muy importante para mí-, por la mañana pensando en emborracharme, en cuándo voy a tomarme la primera copa; y de dónde voy a sacar el dinero. Estar sobrio es algo imposible de describir. Es simplemente un sentimiento de libertad. La sobriedad es lo mejor que se me ha regalado. Es un regalo que nunca quería pero que me encanta tener.

 

Alcohólicos Anónimos, Los jóvenes y A.A.

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