Alcohólicos Anónimos – Me llamo Gloria y soy enferma alcohólica


¿Se cree usted diferente? – Me llamo Gloria y soy enferma alcohólica (de color)

Cuando llegué por primera vez a Alcohólicos Anónimos, hace unos 14 años, me encontré en un grupo de gente en su mayor parte blanca, y en aquel entonces me sentía verdaderamente distinta. No tenía problema mientras estábamos hablando de mantenernos sobrios, pero cuando comenzaban a hablar sobre qué peluquero las peinaba o algo así, me sentía totalmente perdida. […] Me pregunté si me había equivocado de lugar.

Tomé mi primer trago cuando tenía 15 años. Un hombre me dijo que me daría dos dólares si le preparaba el desayuno, y lo hice. Entonces me dio un poco de whisky. Me hizo sentir muy bien. Hasta entonces, siempre me había sentido muy mal, incómoda con la gente que me rodeaba. Bueno, pues, muy pronto descubrí que el hombre quería algo más que un desayuno. Me escapé del apuro, pero llevando conmigo un sabor que me acompañaría durante muchos años.

En mi hogar había sido bastante infeliz. Era una casa tranquila. Nadie bebía mucho, y mis padres eran muy religiosos. Tenía una hermana que, según decían todos, era más linda que yo; y recuerdo que me ponía enferma a propósito, para que mi madre me prestara atención. Pero cuando tenía la botella conmigo, cuando estaba bebiendo, me sentía buena, hermosa y amada -al menos por un rato.

Seguía haciéndolo, a pesar de ponerme enferma casi siempre que bebía. Al poco tiempo, me convencí de que necesitaba el alcohol para funcionar. Estaba segura de que la bebida me ayudaba a escribir a máquina más rápidamente. Durante los descansos para tomar café, me iba furtivamente de la oficina a tomarme una copa -esto pronto lo cambié por un cuarto de litro-. Cada fin de semana me cogía una borrachera, y el domingo por la noche me encontraba tirada en el suelo, sin sentido.

Un día, por fin, no pude más. Llamé a una muchacha blanca que trabajaba en mi oficina y que una vez me había mostrado un folleto de Alcohólicos Anónimos, después de haberme descubierto vomitando en el servicio. Desde aquel momento, la había odiado pero llegó finalmente el día en que estuve lista para empezar a aprender a no beber. […]

Como ya he dicho, Alcohólicos Anónimos me atrajo inmediatamente; no obstante, durante un tiempo me sentí “diferente”. Aunque la mayoría de los miembros del grupo eran blancos, no me hizo sentir mucho mejor el asistir a una reunión de un grupo compuesto principalmente de gente de color. Me parece que lo que pasaba era que me encontraba incómoda sin el alcohol, como dije antes. Nunca me sentí a gusto conmigo misma. Y eso tal vez explique por qué me entregué tan rápidamente a la bebida.

Alcohólicos Anónimos, ¿Se cree usted diferente?

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